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UN DRAMA CON ROSTRO DE NIÑO

No hay calificativos para el drama migratorio representado por los rostros de miles de niños inocentes encerrados en los centros de inmigración

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Severa crisis, volcán en erupción, drama humano, un problema serio, ¡sin palabras! No hay calificativos para el drama migratorio representado por los rostros de miles de niños inocentes encerrados en los centros de inmigración que siguen acaparando titulares internacionales y que en las últimas semanas ha metido en serios aprietos a las autoridades federales.

Es que el caso de los menores que llegan solos a Estados Unidos es tan solo uno de los factores que envuelven el problema migratorio en este país y que si bien hoy ha hecho crisis, siempre ha existido.

El aplazamiento de una de reforma y los pleitos y promesas de políticos han contribuido a que el drama sea mayor y a que hoy se culpen unos a otros sin ofrecer una respuesta concreta al problema de la inmigración.

Lo malo es que casos como estos pueden volver a repetirse si no se toman cartas en el asunto y se hace algo de inmediato.

Recordemos que si bien, muchos niños vienen solos y no tienen familiares en este país, muchos otros son mandados a traer por sus padres, que ya se encuentran en Estados Unidos.

El drama es fuerte y cualquier solución es delicada: dejar a los niños aquí es para los detractores de una reforma migratoria el equivalente a una amnistía, y deportarlos es para otros una gran falta de sensibilidad. Además las exigencias de mayores recursos para seguridad en la frontera, han crecido.

Hace pocos meses, antes de que se desatara esta crisis conocimos a dos niñas hondureñas, gemelas de 16 años que vivieron situaciones similares a la que han vivido estos miles de pequeños en los centros de detención, ellas tardaron un mes para llegar desde Honduras hasta la frontera con Estados Unidos pero aseguran que cualquier cosa es mejor que vivir los abusos y violencia de las que eran víctimas en su país.

Es que también hay que mencionar que el problema no es solo de Estados Unidos, aquí estalló la crisis, pero los países expulsores de su gente como México y los de Centroamérica desde donde procedían la mayoría de estos menores también deben de hacer algo para ofrecer mejores oportunidades de vida y frenar la migración.

Es momento de que todos actúen, que se quiten por un momento la piel de políticos y aborden aquí en Estados Unidos una solución real al problema migratorio y en los países latinos se procure una mejor calidad de vida para que nadie tenga que padecer ese drama humano que recientemente ha mostrado rostro de niño en cárcel de inmigración.

editorial@semananews.com